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“Quiénes somos”

La Gran Parada Dominicana del Bronx es una institución cultural y comunitaria fundada con el propósito de preservar, celebrar y promover la rica herencia, cultura y contribuciones del pueblo dominicano en los Estados Unidos, especialmente en el condado del Bronx, hogar de una de las comunidades dominicanas más grandes fuera de la República Dominicana.

Desde su creación, la organización ha servido como un símbolo de orgullo, unidad e identidad cultural, reuniendo a miles de personas cada año en una celebración que honra nuestras raíces, nuestras tradiciones y el impacto positivo de los dominicanos en la sociedad.

A lo largo de los años, la institución ha evolucionado hasta convertirse en una plataforma que no solo celebra la cultura, sino que también apoya el desarrollo comunitario, fomenta el liderazgo, promueve la juventud y fortalece los lazos entre generaciones.


La Gran Parada Dominicana del Bronx fue fundada por el Sr. Felipe Febles el 3 de mayo del 1989, un líder comunitario visionario, nacido en La Romana, República Dominicana, cuyo compromiso con el servicio y la comunidad comenzó desde temprana edad.

El Sr. Febles emigró a la ciudad de Nueva York el 21 de febrero de 1976, estableciéndose en el Bronx con la firme convicción de contribuir al crecimiento y fortalecimiento de la comunidad dominicana.

Impulsado por su amor por su país y su gente, creó La Gran Parada Dominicana del Bronx con el objetivo de brindar una plataforma que representara a los dominicanos, celebrara su cultura y reconociera sus aportes a la ciudad de Nueva York y a los Estados Unidos.

Gracias a su liderazgo, dedicación y visión, la organización se ha consolidado como una de las instituciones culturales dominicanas más importantes en el exterior, dejando un legado de orgullo, identidad y unidad.

La misión de La Gran Parada Dominicana del Bronx es preservar, promover y celebrar la cultura, tradiciones y valores del pueblo dominicano, fortaleciendo el sentido de identidad, orgullo y unidad dentro de la comunidad, mientras apoyamos el desarrollo cultural, social y comunitario de las futuras generaciones.

Nos comprometemos a crear espacios que inspiren, eduquen y conecten a nuestra comunidad, promoviendo el respeto, la diversidad y la participación activa.

Nuestra visión es ser la organización cultural dominicana más influyente y representativa en los Estados Unidos, reconocida por su impacto positivo en la comunidad, su compromiso con la preservación cultural y su contribución al desarrollo social.

Aspiramos a continuar creciendo como una institución que une generaciones, fortalece el orgullo dominicano y sirve como puente entre nuestra herencia cultural y el futuro de nuestra comunidad.

Biografía de Felipe Febles
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Nací en El Seibo, República Dominicana, y me crié en La Romana. Mis padres fueron Lucía Leonardo de Febles y José Febles, quien fue alcalde de nuestra ciudad natal, El Seibo (Isabelita), durante 38 años. Soy el séptimo de doce hermanos y padre de dos hijos, Orlando y Alexis Febles.
En 1962, tuve la oportunidad de iniciar mis estudios Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)  donde quería estudiar derecho, ya que siempre me ha gustado representar la voz de aquellos que no tienen representación. Sin embargo, la vida me llevó por otro camino cuando asumí la responsabilidad de cuidar a mis hermanos tras la muerte de mi padre dejando atrás los estudios.
Entre 1967 y 1971, me involucré activamente en la lucha a favor de los clubes deportivos en mi ciudad natal, La Romana Durante ese tiempo, organicé torneos patrocinados por Brugal, Barceló y Bermúdez, brindando oportunidades a los jóvenes con premiaciones de diversas localidades.
1972 y 1974  comencé a trabajar en el departamento de turismo como guia turístico a mediados del 1974 hasta finales del 1976 trabaje como supervisor de los banquetes de diferentes hoteles tales como el Embajador ,Jaragua, el Lina y el Napolitano.
Llegué a los Estados Unidos el 21 de febrero de 1976 y, al año siguiente, decidí integrarme activamente a la comunidad, específicamente en el Bronx. Con determinación, comencé a visitar distintos estados y condados como también organizaciones locales.
Trabaje como Pora en 810 de Gerald en el Bronx desde el 1977 hasta 2023 en 32 E y 32Bj   por mi trabajo la unión me dio la oportunidad  de ser la representación de los miembros como Shop Steward (Enlace sindical)
en este mismo año (1977), fundé un grupo llamado “Los Dominicanos Unidos” en el Bronx, uniendo a la comunidad y fortaleciendo la identidad cultural.
En 1980, creé “La Fuerza Latina”, ubicada en el 1300 Southern Blvd, Bronx, donde se coronó a la primera reina que representó la cultura dominicana en la Gran Parada Dominicana del Bronx en Manhattan, gracias al apoyo del señor José Suero.
En 1981, di un paso más al fundar la Liga Deportiva y Clubes Unidos en el Bronx, que reunió a más de 30 organizaciones y contó con la participación de más de 500 miembros, promoviendo el deporte y la cohesión comunitaria.
Una de las oportunidades más significativas que se me presentó fue la participación en el Desfile Dominicano de Manhattan. En ese momento trabajé junto a Rafael Estévez, presidente de la organización. Al intentar expresar mis inquietudes, me encontré con un sistema que limitaba mi voz. Recuerdo que, al levantar la mano para hablar, con frecuencia me negaban la oportunidad de expresarme. Nadie me secundaba. Finalmente, confronté directamente al señor Estévez, quien me respondió:
«Come y bebe, porque tus palabras no llegarán a nadie».
Este comentario me motivó a buscar alternativas. Me acerqué a dos directivos del Desfile Dominicano de Manhattan: el señor Juan Hidalgo y el señor Rafaelito Rivera. Hidalgo vivía en el Bronx, miembro del grupo 27 de Febrero de Manhattan; le dije:
«Si vivimos en el Bronx, es un territorio virgen. Podemos crear una parada».
Motivado por esas palabras, yo propuse convocar a los presidentes de diferentes organizaciones para expresar mi moción para organizar un evento que diera voz a mi comunidad.
Con el apoyo del señor Hidalgo y del señor Rivera, y tras cuatro años de trabajo comunitario como presidente de la Liga Deportiva y Clubes Unidos del Bronx, donde más de 30 organizaciones se unían para promover el desarrollo comunitario, convoqué a una reunión en la sede ubicada en el 810 de Gerard Avenue. Allí presenté mi visión para la creación de la primera parada en el Bronx.
En ese entonces, la comunidad dominicana era pequeña y enfrentaba importantes desafíos. Muchos residentes no hablaban español y vivían con temor, renuentes a identificarse como dominicanos en un condado donde predominaban comunidades judías, italianas, puertorriqueñas, afroamericanas y, entre otras comunidades latinas, Las barreras lingüísticas me dificultaban la integración y la comunicación con las autoridades.
Sin embargo, me encontré con un fuerte apoyo en la comunidad puertorriqueña, especialmente en la señora Margarita John, directora de la Junta Comunal número 4, quien se convirtió en una aliada clave. Su confianza y orientación alentaron a continuar adelante y sentaron las bases de una colaboración y un respeto mutuo.
Enfrenté críticas de algunos miembros de la comunidad dominicana, quienes me acusaban de intentar dividir la comunidad dominicana. No obstante, me mantuve firme y planteé una pregunta sencilla:
¿Por qué el Bronx no puede tener su propia parada?
Yo fui miembro de la Hermandad Dominicana, que contaba con 200 integrantes, y mi sueño era unir a la comunidad para cumplir las expectativas no solo de los dominicanos, sino de todos, reconociendo que vivían en la capital del mundo, los Estados Unidos. Con frecuencia explicaba que lo que divide al Bronx formó parte de soporte a mi defensa, ya que solo existen cuatro puentes donde podían llegar caminando fácilmente. Washington Heights estaba sobrepoblado, mientras que el Bronx ofrecía mayor espacio para crecer y desarrollarse.
Llegó el día de la reunión. Después de cuatro años, en 1986, se seleccionaron 26 presidentes de distintas organizaciones. Estábamos motivados, tocamos muchas puertas y realizamos diversas actividades, pero el progreso era lento y los resultados escasos. Dos años después, en 1988, se convocó otra reunión en la que los 26 expresaron su descontento por no ver los frutos de su esfuerzo y que no podían gastar más de su dinero, que era de sus hijos, en algo incierto.
En esa reunión, tomé la decisión de permitir que quienes desearan retirarse no tuvieran que presentar carta de renuncia y que se pudieran ir. En ese momento, solo tres personas permanecieron a mi lado y dijeron:
«Felipe, no tenemos dinero, pero puedes contar con nosotros porque confiamos en ti».
Estas personas fueron Antonio Quesada, Rafael Herrera y Juancito de Jesús.
En 1989 se lanzó oficialmente la celebración. Yo financie personalmente las primeras tres carrozas y estuve financiando 13 carrozas por 13 años después que empecé, debido a que las compañías no querían participar en el Bronx porque era un condado apache. También creían que la publicidad de sus empresas no podía ser efectiva en el Bronx porque era un condado arruinado. Comúnmente se incendiaban los edificios. En reuniones con Ramón Aníbal y Dante Medina, locutores radiales de la época, junto con Carlos Velázquez, quien manejaba todas las paradas de Nueva York, me indicaron que no existían pruebas que respaldaran la participación para una parada, ya que no contaba con fotos ni videos para presentar a las compañías. Como resultado, decidí costear las carrozas y organizar la primera parada.
Invité a Yaqui Núñez de Risco como Gran Mariscal, con las gestiones realizadas por Lara Flores, quien trabajaba en el consulado dominicano. La madrina del evento fue la artista Yanira. En total participaron tres carrozas, cinco bases de carros y varios grupos culturales. La parada recorrió el Grand Concourse desde la calle 188 hasta la 161.
La tragedia del club social Happy Land en el Bronx ocurrió el 25 de marzo de 1990. Fue un incendio provocado que cobró la vida de 87 personas en un club sin licencia ubicado en Southern Boulevard, marcando uno de los peores desastres por incendio en la historia de la ciudad de Nueva York. Este evento representó un reto inicial para mi trabajo comunitario con los clubes deportivos y organizaciones, ya que la tragedia reveló la limitación en las salidas de emergencia; la mayoría de los locales contaba con una sola puerta de salida, lo que llevó a que muchas de estas organizaciones desaparecieran.
Ocho años después, la parada ya contaba con 16 carrozas. En 1990 y 1991 se iniciaron los festivales como parte de la celebración. En varias ocasiones, asumí parte de los costos de las carrozas, consciente de que sin carrozas no hay parada. De esta manera, la Gran Parada Dominicana del Bronx continuó creciendo. La Parada Dominicana del Bronx fue fundada oficialmente el 3 de mayo de 1989, dedicada a Duarte, Sánchez, Mella y a la Trinitaria.
A lo largo de casi 37 años se alcanzaron importantes logros. Se trabajó en favor del bienestar de la juventud mediante programas infantiles, juveniles y para adultos, financiados inicialmente con aportes de $1,000 que en muchas ocasiones fueron costeados por mi persona para esas niñas, jóvenes y adultas, muchas de ellas estudiantes de bajos recursos.
Se coronaron 36 reinas infantiles, 36 reinas juveniles y 36 reinas adultas. A estas jóvenes se les enseñó la cultura dominicana, habilidades de presentación pública y el uso del micrófono, inculcándoles orgullo por sus raíces. Muchas de ellas lograron convertirse en profesionales gracias a las oportunidades que la parada les brindó.
En 1998, la parada creó un programa de becas en colaboración con American Airlines y la City University of New York (CUNY), otorgando ayudas para estudios universitarios y reclutando estudiantes con méritos altos de instituciones como Hostos Community College, Lehman College, Bronx Community College y The City College of New York. Diez años más tarde, se estableció una alianza con el Yankee Stadium y otras empresas que también comenzaron a otorgar becas.
Durante esos años se entregaron miles de becas, cada una valorada en $1,000, durante el banquete anual de gala organizado por La Gran Parada Dominicana Del Bronx en Marina Del Rey. Las becas eran entregadas por representantes de las compañías personalmente. La mayoría de los beneficiarios, hoy en día, se convirtieron en profesionales gracias al apoyo de estas organizaciones y a la gestión de la Gran Parada Dominicana del Bronx.
La Gran Parada Dominicana del Bronx se convirtió en un evento fundamental que benefició directamente a bodegueros, comerciantes y restaurantes del área. El evento impulsó la economía local y permitió que líderes políticos se acercaran a la comunidad durante temporadas de campaña debido a la gran asistencia de público.
Desde mis inicios, concebí la parada como un evento multicultural, integrando no solo a dominicanos, sino también a afroamericanos, judíos, italianos, puertorriqueños y otras comunidades en roles como madrinas, padrinos y grandes mariscales. Esta visión presentó retos, ya que el condado inicialmente se resistía a una mayor inclusión, porque ya existían otras comunidades, pero persistí en crear un espacio abierto y diverso para nuestra comunidad dominicana y otras comunidades. Una fuerte lucha que, con mi insistencia, logré mis objetivos.
¿Cuál fue el resultado? Después de 20 años, cuando dije que esto era un territorio virgen y más extenso que Washington Heights, donde había sobrepoblación dominicana y que el Bronx se podía convertir en una comunidad más grande, en el día de hoy, en Manhattan hay 129,000 dominicanos, mientras que aquí en el Bronx, ahora hay más de 500,000 dominicanos.
Muchos me han preguntado de dónde surgió este carácter multicultural. La respuesta está en el apoyo recibido de diversas comunidades, el cual fue esencial para el éxito de la Gran Parada Dominicana del Bronx. Aunque enfrente resistencia de algunos dominicanos, otras comunidades confiaron en mí y me brindaron su respaldo.
Numerosas personas de la comunidad dominicana, junto con organizaciones culturales, deportivas, religiosas y comunitarias, así como equipos de sonido y tarima, desempeñaron un papel fundamental en este crecimiento. Durante 30 años, el festival de la parada, celebrado inicialmente en Jerome Avenue, contó con orquestas reconocidas y nuevos talentos, sirviendo como plataforma para el desarrollo de muchos jóvenes. Entre ellos, la primera presentación de los “Teenagers de la Bachata”, que son conocidos hoy en día como el grupo “Aventura”, fue en La Gran Parada Dominicana del Bronx. Después pasaron a nuestro coordinador artístico, Elvin Polanco.
Lamentablemente, el festival fue interrumpido en 2018 tras un atentado en un negocio cercano, atribuido al grupo conocido como “Los Trinitarios”. Las autoridades solicitaron que el festival se realizara los martes y miércoles, pero los costos exigidos eran muy altos, sobrepasando los 50,000 dólares. A la misma vez, sentí temor por lo sucedido con la pandilla de “Los Trinitarios”, donde la seguridad de la comunidad para mí era y es lo más importante. Ante esta situación, tomé la difícil decisión de cancelarlo. Desde 2018, el Festival de la Gran Parada Dominicana del Bronx dejó de celebrarse.
En este contexto, es importante reconocer que la Gran Parada Dominicana del Bronx no es solo un evento festivo, sino un verdadero catalizador de talento y oportunidades. Muchos de los jóvenes artistas que participaron en sus inicios lograron destacarse posteriormente en la industria musical, llevando consigo mensajes de orgullo y autenticidad cultural.
La parada sirvió como un puente entre empresas, periodistas, políticos y la comunidad. Sus carrozas generaron una importante actividad económica para las empresas carroceras, demostrando el impacto social y financiero del evento.
Se emitieron cartas de invitación para facilitar la asistencia a los eventos; sin embargo, estas nunca implicaron garantía migratoria alguna. Siempre fueron gratuitas, reafirmando el compromiso de la organización con la comunidad. Nosotros somos una institución sin fines de lucro que invita a las diferentes ramas; se les da cartas de invitación, pero nosotros no somos quienes determinamos quiénes son visados. Esa parte le corresponde a la embajada y ellos determinan si cumplen con los requisitos para ser visados.
A pesar de la adversidad y las críticas, me mantuve firme en mi determinación de abrir puertas, crear oportunidades y defender mi visión. La parada se convirtió en un símbolo de resistencia y unidad, y su impacto en la juventud y en la comunidad es innegable.
Quiero que siempre continúe mi legado de perseverancia, orgullo cultural y servicio comunitario. La Gran Parada Dominicana del Bronx es más que un evento: es un movimiento que continúa inspirando a las futuras generaciones.
Varias veces intentaron acabar con mi vida, tres de ellas a punto de lograr el objetivo, pero Dios y las 21 divisiones siempre me protegieron. Muchos se burlaban de mi persona, me titulaban de loco y se reían en mi propia cara. Para muchos, solo era un campesino más que llegó a la gran ciudad. Siempre me preguntan sobre mi forma de vestir, causándoles risas, pero eso me llena de satisfacción. Me recuerdan que ese campesino iluso ha logrado mucho más que aquellos que visten elegantemente y han estudiado en grandes universidades. No han logrado construir una trayectoria; eso me trae hermosos recuerdos de mi inspiración de seguir luchando por ese sueño que hoy es una realidad. Confiar en ti mismo con tus propias alas sin importar lo que digan los demás. Nunca cambiaré mi forma; siempre amaré a los dominicanos y a todos los que me rodean. Cada vez que me critican, les doy las gracias.
Esas personas que aún confían en mí y soportan mis arrebatos, muchos se van y con el tiempo regresan y yo los recibo porque a todo aquel que llega a mi vida lo considero como mi familia. Gracias por confiar en mí.